Si sé, sé que es verdad que me escondo entre sabanas blancas, pegasos y magos. Sé que he creado una realidad ilusoria, que pese a lo falso muchos me han ayudado construir. Quizás compartiendo mis mismos miedos o sólo creyendo que existe algo mejor.
No sé, no, no sé hasta que punto he preferido engañarme antes de sentir el sinsabor de todo lo existente, lo conocido.
Es que en cuento dejo de ser una ilusionista pintora de la vida, todo se vuelve tan abstracto, como quien nunca supo pintar. Y me veo, si, me veo frente a la vida como si fuera un lienzo gigante en el que no me corresponde pintar, sólo pintarme.
Un año y dos meses, y todos se comportan como si no hubo cambiado nada, mientra, mientras siento como ha cambiado todo, todos.
Yo, con voluntad y amor, es todo lo sólido que sé, el resto se divide entre lo que se ve sólido y en lo que preferiría no ver.
Media ciega y torpe oscilo entre variables, reconstruyéndome, para crecer sin perder la sonrisa. Que doloroso me resulta VER que siempre estuve contra mí.
La marea tendrá que parar, pues ya no me mecerá a su antojo, los embusteros se morderán la lengua y los sapos retomaran sus vidas. Miguitas de pan para las palomas que no es para eso por que sonrío.
Y si empecé otra vez, no dudes en decirlo, después de todo, parece que siempre duele algo.
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